Finalmente, un día logro acercarse a la liebre y saludarla, pasó el tiempo y se empezaron a llevar muy bien; a consecuencia de esto, el conejo tomo valor y decidió decirle lo que sentía y lo mucho que le gustaba, pero era muy tímido así que prefirió demostrárselo.
Le llevaba flores y zanahorias a su madriguera hasta que un día decidió decirle su sentir ya que al parecer, después de tanta persistencia, la liebre no se había dado cuenta, a pesar de que le dijera, la liebre al parecer lo ignoró un poco, pero el conejo era muy persistente y siguió a la liebre, pero ella no quiso decirle que no, así que no le contestaba y le hacia un poco feo.
Un día el conejo comprendió que la liebre no era para el y simplemente la dejó. La liebre tiempo después regresó al conejo y vivieron felices.
Moraleja: si algo es para ti, tarde o temprano llegará.
Jose Carlos Quintana